Hola inversor.
Cuanto más tiempo dedicamos a estudiar una empresa, más sabemos sobre ella.
Conocemos mejor el negocio.
Los competidores.
El management.
Los números.
Los argumentos a favor.
Eso debería mejorar nuestro análisis.
Pero también puede ocurrir algo curioso.
Cuanto mejor conocemos una compañía, más argumentos somos capaces de encontrar para seguir defendiendo nuestra conclusión.
Y ahí aparece una pregunta incómoda:
¿Qué tendría que ocurrir para que dejáramos de hacerlo?
Porque una tesis puede tener veinte argumentos a favor y seguir estando incompleta.
Una tesis seria debería decirnos no solo por qué podríamos tener razón.
También cómo descubriríamos que estábamos equivocados.
Pensemos en lo que contiene realmente una tesis.
Quizá creemos que una empresa podrá mantener su ventaja competitiva.
Que conservará poder de precios.
Que ciertos márgenes son sostenibles.
Que una determinada variable seguirá impulsando el crecimiento.
Que el management seguirá asignando bien el capital.
Todo eso son hipótesis.
Y una hipótesis útil debería poder enfrentarse a hechos observables.
Por ejemplo, escribir:
“Riesgo: mayor competencia”
no nos ayuda demasiado.
La pregunta interesante es:
¿Qué evidencia concreta me indicaría que la competencia está deteriorando una de mis hipótesis centrales?
¿Una pérdida persistente de cuota de mercado?
¿Menor retención?
¿Más dificultad para subir precios?
¿Un deterioro estructural de los economics?
No existe una respuesta universal.
Depende de cada compañía.
Pero necesitamos alguna respuesta.
Porque, si no definimos qué podría hacernos cambiar de opinión, existe el riesgo de que cualquier resultado termine encajando.
El margen cae:
“Es temporal.”
El crecimiento se desacelera:
“Ahora lo importante es el margen.”
Después empeora el margen:
“Sí, pero la métrica realmente importante es otra.”
Cada explicación podría ser correcta por separado.
El problema aparece cuando vamos cambiando constantemente qué consideramos importante para proteger la misma conclusión.
Por eso es útil definir algunas reglas antes de conocer los datos.
No reglas automáticas de compra o venta.
Ni niveles de precio.
Ni reacciones mecánicas ante un trimestre.
Hablamos de algo mucho más sencillo:
¿Qué hechos nos obligarían a revisar nuestras hipótesis?
Cuando construimos una tesis intentamos hacer precisamente eso.
No solo escribir qué tiene que ocurrir para que nuestra interpretación siga teniendo sentido.
También qué evidencia empezaría a cuestionarla.
Esto cambia ligeramente nuestra forma de entender la convicción.
Convicción no debería significar:
“Nada va a hacerme cambiar de opinión.”
Eso sería rigidez.
Una definición más útil sería:
Sé por qué creo esto y sé qué hechos me harían reconsiderarlo.
Eso tampoco significa cambiar de opinión cada vez que aparece una noticia negativa.
Una caída de la cotización no demuestra por sí sola que una tesis sea incorrecta.
Un trimestre malo tampoco.
La pregunta es:
¿qué ha cambiado en los hechos que sostenían nuestro análisis?
Un trimestre puede tener ruido.
Timing.
Estacionalidad.
O puede estar mostrando el principio de un deterioro estructural.
No existe una regla automática.
Tenemos que volver a la hipótesis.
Hay un ejercicio sencillo que ayuda mucho.
Elige una empresa que conozcas bien.
Escribe las tres hipótesis que más sostienen tu tesis.
Y debajo de cada una responde:
¿Qué tiene que seguir siendo cierto?
¿Qué dato puedo observar para comprobarlo?
¿Qué evidencia me obligaría a revisar esta hipótesis?
¿Qué explicación alternativa podría existir si mi interpretación fuese incorrecta?
Hay una de esas preguntas que nos parece especialmente importante:
¿Qué evidencia concreta me obligaría a revisar una de mis hipótesis centrales?
Si no podemos responderla, quizá nuestra tesis todavía no esté suficientemente definida.
También podemos darle la vuelta de otra forma.
Imagina que dentro de tres años sabemos que nuestra tesis era incorrecta.
¿Qué probablemente ocurrió?
Quizá la ventaja competitiva se deterioró.
Quizá los márgenes no eran sostenibles.
Quizá sobreestimamos el crecimiento.
Quizá el management asignó peor el capital de lo esperado.
La respuesta puede ayudarnos a identificar hoy qué deberíamos observar.
Porque convicción no significa certeza.
Significa entender qué tendría que ocurrir para cambiar de opinión.
Cambiar nuestra visión porque han cambiado los hechos no significa necesariamente que el análisis inicial fuese malo.
Forma parte del proceso.
Y esta es también una buena manera de distinguir análisis de opinión.
Una opinión puede sonar muy convincente.
Un análisis debería permitirnos explicar qué hechos lo sostienen y qué hechos podrían obligarnos a cambiarlo.
Te mandamos un abrazo fuerte.
Y, como siempre decimos, que la fuerza de Buffett te acompañe.
El equipo de WorldStocks



