Hola inversor.
Imagina que tienes razón.
La empresa sigue creciendo.
Mejora sus márgenes.
Gana cuota de mercado.
Y ejecuta prácticamente como esperabas.
Parece que hemos hecho un buen análisis.
Pero todavía falta una pregunta.
¿Cuánto de ese futuro necesitaba ocurrir ya para justificar el precio que pagamos?
Porque en la inversión no solo importa lo que creemos que ocurrirá.
También importa qué expectativas parecen estar incorporadas en la valoración.
Una forma de pensarlo es dejar de ver el precio únicamente como un número.
80 €.
150 €.
250 €.
El precio también contiene supuestos.
Supuestos sobre crecimiento.
Márgenes.
Duración.
Reinversión.
Generación de caja.
Riesgo.
No podemos saber exactamente qué espera cada participante del mercado.
Y tampoco existe un documento que diga:
“Estas son las expectativas exactas contenidas en este precio.”
Pero sí podemos hacernos una pregunta mucho más útil:
¿Qué tendría que ocurrir en el negocio para que la valoración actual tenga sentido?
Imagina una compañía que crece un 20%.
En términos absolutos puede ser un resultado magnífico.
Ahora imagina dos situaciones.
En una, la valoración parecía compatible con un crecimiento mucho menor.
En otra, parecía necesitar un crecimiento bastante superior.
La empresa ha conseguido exactamente el mismo 20%.
Pero nuestro punto de partida es diferente.
Esto no nos dice cómo debería reaccionar la acción.
Ni significa que podamos conocer perfectamente las expectativas.
La enseñanza es otra.
El mismo resultado empresarial puede tener un significado distinto dependiendo de las expectativas contra las que lo estamos comparando.
Por eso decir:
“Creo que esta empresa seguirá creciendo mucho”
todavía deja parte del trabajo sin hacer.
La siguiente pregunta sería:
¿Cuánto crecimiento?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Con qué márgenes?
¿Con qué generación de caja?
Y después:
¿qué combinación de esas variables parece aproximadamente necesaria para justificar la valoración actual?
Ahí empieza a aparecer algo interesante.
Nuestro desacuerdo.
No necesitamos tener una opinión diferente simplemente por tenerla.
Ser contrarian no crea valor por sí mismo.
Lo interesante es identificar:
¿En qué variable importante mi análisis difiere de lo que parece exigir el precio?
Quizá creemos que el crecimiento durará más.
O que los márgenes pueden ser superiores.
O que la empresa podrá reinvertir durante más tiempo.
O quizá ocurre exactamente lo contrario.
La cuestión no es pensar diferente.
Es saber dónde somos diferentes y por qué.
Para hacerlo, podemos utilizar cuatro preguntas:
¿Cuáles son las 2-3 variables que más determinan el valor del negocio?
¿Qué tendría que ocurrir con ellas para justificar aproximadamente el precio actual?
¿En qué difiere mi escenario?
¿Qué evidencia me haría concluir que esa diferencia estaba equivocada?
No es una ciencia exacta.
Es una forma de comparar escenarios.
Y puedes hacer un ejercicio muy sencillo con cualquier empresa que sigas.
Durante unos minutos, deja de preguntarte:
“¿Cuánto creo que debería valer?”
Haz la pregunta al revés:
¿Qué tendría que conseguir durante los próximos años para justificar aproximadamente el precio que tiene hoy?
Empieza por crecimiento, márgenes y duración.
No necesitas llegar todavía a una cifra perfecta.
El objetivo es descubrir qué futuro estás pagando.
Porque una buena previsión sobre la empresa todavía no termina el análisis.
Necesitamos saber contra qué expectativas estamos comparando esa previsión.
Y cuando intentamos traducir esas expectativas a números, tarde o temprano aparece una herramienta:
el modelo.
Pero tener un Excel lleno de fórmulas todavía no significa haber hecho una valoración.
Te mandamos un abrazo fuerte.
Y, como siempre decimos, que la fuerza de Buffett te acompañe.
El equipo de WorldStocks



