Hola inversor.
Después de varias horas trabajando en un modelo aparece una cifra:
87,43 €.
El Excel ha terminado de calcular.
Pero nosotros todavía no.
Hay algo tranquilizador en una valoración con dos decimales.
Parece precisa.
Definida.
Casi objetiva.
Pero esos 87,43 € quizá dependen de cosas como:
crecimiento futuro.
Márgenes.
Reinversión.
Duración de la ventaja competitiva.
Generación de caja.
Y el Excel puede calcular perfectamente todos esos supuestos.
Lo que no puede hacer es decirnos si tienen sentido.
El Excel no piensa.
Solo calcula lo que le pedimos que calcule.
Ese es precisamente el valor de un modelo.
No sustituir nuestro análisis.
Sino obligarnos a convertirlo en algo explícito.
Si creemos que una compañía crecerá un 15%, tenemos que escribir 15%.
Si creemos que sus márgenes mejorarán, tenemos que cuantificar cuánto.
Si creemos que podrá reinvertir durante muchos años, esa hipótesis terminará apareciendo de alguna forma en el modelo.
Y entonces podemos cuestionarla.
Por eso nos gusta pensar que un modelo no elimina los supuestos.
Los hace visibles.
Hay una diferencia importante.
En una hoja podemos encontrarnos con:
12,0%.
18,5%.
4,2%.
Visualmente parecen datos muy objetivos.
Pero algunos no son datos.
Son estimaciones sobre un futuro que todavía no existe.
Que una hipótesis esté escrita como 12,0% no hace que deje de ser una hipótesis.
Y eso nos lleva a otro problema.
Un Excel puede estar matemáticamente impecable y económicamente tener poco sentido.
Podemos asumir al mismo tiempo:
mucho crecimiento.
márgenes cada vez mayores.
poca reinversión.
y una larga duración de ese éxito.
Las fórmulas pueden calcularlo perfectamente.
La pregunta es otra:
¿Pueden convivir razonablemente todas esas hipótesis?
Excel no responde eso.
El análisis sí.
Algo parecido ocurre con la complejidad.
Un modelo con veinte pestañas no es necesariamente mejor que uno con cinco.
Ni uno sencillo es necesariamente mejor que uno complejo.
La complejidad tiene sentido cuando necesitamos representar mejor la economía del negocio.
No cuando simplemente hace que el archivo parezca más sofisticado.
Por eso, cuando construimos nuestros modelos, intentamos que los principales supuestos sean visibles y modificables.
El objetivo no es esconder el razonamiento detrás de fórmulas.
Es poder entender qué cambia la valoración cuando cambia nuestra visión del negocio.
Eso también cambia la pregunta que hacemos cuando alguien nos enseña:
“Precio objetivo: 87,43 €”.
En lugar de empezar por:
“¿Entonces vale 87,43 €?”
podemos empezar por:
¿Qué tiene que ser verdad para llegar a ese número?
¿Qué crecimiento estamos asumiendo?
¿Qué márgenes?
¿Qué reinversión?
¿Qué variables explican realmente la mayor parte de la valoración?
Ahí el modelo deja de ser únicamente una calculadora.
También empieza a generar nuevas preguntas.
Si necesitamos un 20% de crecimiento durante muchos años para que la valoración tenga sentido, aparece inmediatamente otra pregunta:
¿qué evidencia tenemos para sostener esa hipótesis?
Y quizá tengamos que volver al research.
Modelo.
Pregunta.
Research.
Modelo revisado.
Ese ciclo nos parece mucho más útil que mirar únicamente el resultado final.
Puedes probar algo con el último modelo que hayas construido o consultado.
Durante unos minutos, oculta el precio objetivo.
Identifica los tres supuestos que más pesan.
Y pregúntate:
¿Qué evidencia tengo detrás de cada uno?
¿Qué ocurriría si estoy razonablemente equivocado?
¿Son coherentes entre sí?
¿Seguirían pareciéndome razonables si no supiera qué valoración producen?
Esta última pregunta es especialmente útil.
Porque todos podemos caer en la tentación de modificar ligeramente los supuestos hasta llegar a un resultado que nos gusta.
El orden debería ser el contrario:
hipótesis primero.
Resultado después.
El modelo no nos dice cuánto vale una empresa.
Nos dice qué valoración obtenemos si nuestras hipótesis son ciertas.
Y todavía queda otro problema.
Incluso si nuestras hipótesis centrales parecen razonables, no existe un único futuro posible.
Por eso una valoración tampoco debería entenderse simplemente como un único número.
Te mandamos un abrazo fuerte.
Y, como siempre decimos, que la fuerza de Buffett te acompañe.
El equipo de WorldStocks



